El quiebre

El día que la gente terminó con el poder abrumador de los grandes medios, los ignoró, les hizo caso omiso. Y a la campaña de miedo-inseguridad-crispación-todo negativo les opuso sensatez, festejo, alegría, esperanza y todo esto con muchísima gente en las calles es un quiebre como fue el 17 de octubre. Para animarse a soñar.
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jueves, 3 de junio de 2010

ADN wichi y diaguita en nuestras Patria-voladoras

Informe: Graciela Pérez.
politica@miradasalsur.com


Así como desde hace un tiempo existe una Mafalda a tamaño natural sentada en un banco de plaza de San Telmo, del mismo modo en el stand de la provincia de Tucumán instalado para el Bicentenario alguien tuvo la buena idea de instalar una Mercedes Sosa emponchada y con bombo. De las quichicientas mil fotos que se tomaron a lo largo de los días de festejo, muchos eligieron posar junto a la Negra para llevársela como parte del recuerdo de un todo inabarcable. O quizá no tan inabarcable: Mercedes Sosa fue una partecita de una construcción discursiva anclada en viejas y nuevas identidades, en lo nacional, en lo prenacional, en lo latinoamericano. Exactamente en la misma sintonía, Ivana Carrizo y Josefina Torino, ambas con “ADN originario” en sus venas, se hicieron célebres por un tiempo no sólo por su desempeño acrobático como “Patrias voladoras”, sino por el modo en que representaron una argentinidad posible.
¿A qué se debió semejante estallido cultural? ¿Dónde estuvo escondido? Marcelo Simón, veterano referente en la defensa de nuestros géneros populares, cita “encuestas de Gallup y de la Secretaría de Medios que demuestran que el consumo de folklore es diez veces superior al de reggaeton y el rock. La música folklórica ha sido de gran consumo en la Argentina, pero se ha intentado ocultar lo popular. Es un tema de subdesarrollo cultural. La 98.7 es la radio más escuchada. Más que las AM y FM Rock, según una encuesta de Ibope”. El conductor radial remite a “un libro de Pierre Kalfón, Argentine, que afirma que el argentino es quien más se preocupa por saber quién es. En Francia no hay tanta discusión sobre quiénes son. La búsqueda de la identidad es equívoca. Aquí no hay divisiones, pero hay mil países. Por ejemplo, en Humahuaca la música que más suena es la cumbia”.
Hablando de Mercedes Sosa, Simón recuerda cómo fue aquel episodio en el que la letra final del Himno fue cambiada en dirección a “oh juremos con gloria vivir”.
–Yo le pedí a Mercedes Sosa grabar el Himno Nacional y ella me pidió, entonces, pasarlo por cadena nacional. Pero acá son tan boludos... El Comfer dijo que tenía que ir la fanfarria Alto Perú. Decidí transgredir la burocracia y lo pasé en mi programa. La Negra era muy inteligente y hubiese vivido el Bicentenario con mucha alegría y emoción. En cuanto al cambio del final, hay que entender que el Himno se escribió en 1811, en medio de la Guerra de la Independencia, en un contexto de lucha, de matar al otro. Los tiempos son otros y, por eso, la Negra le cambió al Himno la última estrofa por ‘Oh juremos con gloria vivir’. Fue una exaltación a la vida”.
Exaltadas con la vida están en estos días Ivanna Carrizo y Josefina Torino, nuestras Patrias voladoras. Ivanna, integrante del ballet Nehuen, cuenta que “La idea era elegir a una persona popular, de barrio. Yo soy descendiente de diaguitas, de la zona Alto de las Cumbres, en Catamarca. Por suerte, pude viajar a la zona y conocer la manera de vivir de mis antepasados. El personaje tenía que tener rasgos mestizos”.
Josefina dispara con uno de los panoramas que vio al volar: “Chávez me tiró un beso, Evo bailó con la gente, improvisaba, bailaba, hablaba…”. Cuenta que estudió en la Escuela de Arte, “pero jamás me había colgado de un andamio. Fue súper mágico. Dicki (James) se jugó por mí. Fue impresionante pasar por el palco y ver a las personas más influyentes de Latinoamérica boquiabiertas y espontáneas. Noté alegría en el palco y en el pueblo”. Su colega, compañera y partenaire de vuelo, coincide: “Yo estuve sobre la Avenida 9 de Julio y la vista desde arriba era increíble. Había caras de asombro y placer. Podía ver la mirada tierna de los chicos. La cantidad de gente era increíble. Gritaban y les preguntaba a mis viejos si era su hija. Fue un orgullo ver a mi mamá y mi papá entre la gente”.
En la charla ambas retroceden en el tiempo a momentos más espinosos, la falta de reconocimiento de los derechos ancestrales de los pueblos ancestrales, los problemas de la discriminación. Y de pronto saltan a cómo fueron llamadas. Josefina lo resume así: “La convocatoria abierta decía que se buscaba personas con rasgos indígenas. A los 10 minutos de haber pasado el mail me llamaron y me preguntaron sobre mis orígenes. Mi tatarabuelo era wichi”.
Nuestras bailarinas-Patria-volantes concluyen: “La gente no sabía qué iba a ver. Pero las representaciones de las Madres, los combatientes de Malvinas, el impulso de la industria nacional conmovieron a muchos que se sintieron representados. Creo que tocó el corazón. Millones se sintieron convocados y con ganas de participar. Lo genial de la planificación fue la idea de hacer partícipe al pueblo. Interactuar, que podamos darnos la mano, tocarnos y sentirnos unidos. El arte es transformador de conciencias”.